APAF-Madrid (Asociación Profesional de Agentes Forestales de la Comunidad de Madrid)

Asociación Española de Agentes Forestales y Medioambientales (AEAFMA - IRF España) Historia de los Agentes Forestales

Historia de los Agentes Forestales

Historia de los Agentes Forestales

Deseamos dedicar estas paginas a nuestros antecesores, por la defensa de nuestra naturaleza a la que durante siglos han dedicado su vida y profesión.

Cartel en conmemoración del 125 aniversario de los agentes forestales

Vas a poder tener una visión de nuestra historia en los próximos artículos:

Revista Suplemento Guarderia Forestal

Como SUPLEMENTO al Boletín del ICONA, en su numero nº 1, aparece “Guardería Forestal”, publicándose ambos desde Noviembre de 1979 hasta Agosto de 1982.

Estas paginas pretendieron estar abiertas a cualquier tipo de sugerencias y colaboraciones, esperando que en ellas se reflejara la problemática forestal de nuestros guardas, a los que con nuestra más sincera admiración por su trabajo y dedicación plena en defensa de la naturaleza se ofreció este apartado del BOLETÍN del ICONA para que sirva de eco y expresión de su veterano y eficaz Cuerpo, brazo ejecutor de la política forestal y de conservación de la naturaleza durante más de cien años y colaboradores genuinos de los demás Cuerpos Forestales.

- Tres siglos de Guardería, por Guillermo Muñoz Goyanes (Doctor Ingeniero de Montes).

- Nuestra Guardería Forestal, por Ricardo Muro Martínez (Doctor Ingeniero de Montes).
Revista Quercus

QUERCUS, revista decana de la prensa ambiental, publicada desde 1981, para la observación, estudio y defensa de la naturaleza.

Quercus es una revista independiente que sirve de medio de comunicación y expresión a personas y colectivos que se dedican al estudio y la defensa de la naturaleza.

- La Guardería Forestal necesita una urgente elevación de su nivel profesional y de su situación sociolaboral, por la Asociación Profesional de Agentes Forestales. (Cuaderno nº 21 de Invierno de 1985 de Quercus).

Tres siglos de Guardería

Por Guillermo Muñoz Goyanes, Doctor Ingeniero de Montes

Tres siglos de Guardería

En el último lustro del siglo XVII la población de España podía estimarse en una moderada cifra, comprendida entre los siete y los ocho millones de habitantes; pero, aún así, las producciones del campo no bastaban para llenar las necesidades de su consumo.

El absolutismo y la concentración territorial estaban repercutiendo de modo muy grave, sobre la riqueza agraria. Con excepción de los años de buenas cosechas, la agricultura hispana era deficitaria; y, además, no existía control alguno sobre las talas abusivas que se realizaban en los bosques.

Las Cortes convocadas por el rey Carlos II y reunidas en Pamplona en el año 1677, se ocuparon con verdadero interés -entre otros importantes asuntos- de la escasez de cercales en todo el país y de los grandes daños que se estaban causando a la riqueza forestal del mismo.

Los tintes sombríos que en el retrato ecuestre de dicho rey puso el pintor asturiano Juan Carreño de Miranda fueron, acaso, representativos de una época de decadencia; a la que había llegado la Casa de Austria con el último de los Habsburgo.

Sin embargo, fue este monarca -como se verá seguidamente- el que sugirió la idea de una necesaria vigilancia directa sobre la riqueza forestal que habría de concretarse más con la aparición (en el año 1877) de los Capataces de cultivos, y, posteriormente (en el año 1907), con la creación del cuerpo de la Guardería Forestal de nuestros tiempos.

La Gazeta Ordinaria de Madrid del martes 21 de septiembre de 1677 incluía la siguiente noticia: “Habiendo estos días de menguante de Luna corregídose los excesivos calores con lluvias moderadas, ha repetido el Rey nuestro Señor las muestras de la inclinación heredada de su Augustisima Sangre al divertimiento de la caza, dedicándole los ratos que permite la aplicación al Despacho, habiendo la semana pasada salido dos veces hacia El Pardo y muerto en estos viajes dos feroces jabalíes, con aire que bien denota su destreza, y la robustez en que siempre va medrando a medida de los votos de la Monarquía.”

Aunque parezca increíble, tan elogiosa información se refería al -indolente y enfermizo- citado rey Carlos de Habsburgo y Austria (llamado por muchos historiadores el Hechizado), quien durante la reseñada cacería había vuelto a comprobar, sin duda, los crecientes daños que se estaban causando a los bosques próximos a la Corte, Esta fue la causa de que, justamente al día siguiente de celebrada aquella aventura cinegética, dirigiese a su valido y hermanastro, el infante Juan José, un escrito en el que, entre otras cosas, le decía lo siguiente: 2Fue decidida voluntad de nuestro Augustísimo Padre y Rey, al sancionar la Instrucción del mes de Abril del año 1656, confirmando y precisando la dictada en 1650, para la conservación de los montes, no dexar, jamás, en manos de la avaricia y maldad de algunas gentes los bosques de estos reinos, sin que nada valioso se realizase hasta el presente para hacer cumplir tan discreta previsión, y así deseo que a partir de este año del Señor de 1677 no se cese de vigilar, por todas las autoridades de la Monarquía que corresponda, la riqueza de aquellos bosques, así como la que forman los animales salvajes que en ellos están.”

De esa manera, expresa y clara, quedaba patente la voluntad real de establecer una permanente vigilancia sobre la riqueza forestal española.

Real Ordenanza para el aumento y conservación de montes y plantíos

Por no haber tenido hijos Carlos II nombró en su testamento como sucesor a Felipe de Borbón y Baviera -Duque de Anjou y nieto de Luis XIV de Francia- que inició la presencia de la Casa de Borbón en España con el titulo de Felipe V. Su agitado reinado -por la llamada “Guerra de Sucesión”, y a causa de las incesantes intrigas palaciegas- no le fue propicio para hacer nada práctico en favor de los bosques y plantíos.

Tres siglos de Guardería

Por el contrario, Fernando VI (hijo de Felipe V y de María Luisa de Saboya) fue un gran soberano, que ahorró la sangre española, manteniéndose alejado de todo conflicto bélico, y que realizó una extensa obra de reconstrucción del país -con la eficaz ayuda de excelentes ministros- durante los trece años de su reinado.

Mientras casi toda Europa estaba empeñada en constantes luchas, el monarca hispano se afanaba en fomentar las artes, las letras, las ciencias y el desarrollo agrario. En particular -mediante la inestimable tutela de don Zenón de Somodevilla, marqués de la Ensenada- puede decirse que, con la publicación de la Real Ordenanza para el aumento y conservación de montes y plantíos, de 7 de diciembre de 1748, se habla dado un primer y firme paso hacia la protección, ordenada y racional, de la riqueza forestal española.

La filosofía de dicha acertada disposición se sintetizó, en el preámbulo de la misma, con los siguientes conceptos: “Habiendo entendido los graves perjuicios que sufre la causa pública, por la poca observancia que han tenido y tienen las leyes y pragmáticas de estos Reinos que tratan del aumento de plantíos y conservación de montes, por descuido de las Justicias en no ejecutar las providencias y penas que se hallan establecidas á este importante fin; recelando se hagan mayores é irreparables, si no se trata seriamente de precaverlos; sin haber sido bastantes las repetidas órdenes y autos acordados que en varios tiempos se han expedido y publicado desde los Señores Reyes Católicos hasta ahora, á más de las leyes y pragmáticas, á fin de que los Corregidores y Justicias celen y cuiden de la conservación de los montes y aumento de plantíos; y para evitar los abusos que se experimentan en cortar, arrancar y quemar los referidos montes y árboles sin replantar en su lugar otros, ni guardar las reglas prescriptas para el uso ilícito de ellos, sin duda porque no se castigan condignamente los delincuentes; ha resuelto a consulta de mi Consejo, se forme y comunique a los Corregidores y Justicias la instrucción y reglamento que contienen los treinta y llueve capítulos de esta Real Ordenanza.

Entre dichos capítulos -y por lo que luego se dirá- es oportuno señalar ahora que lo que se prevenía en los 5 y 25 era lo siguiente:

“Artículo 5.- Lo primero que se deberá ejecutar será elegir y nombrar personas expertas que vean, reconozcan y visiten los términos de cada pueblo con el mayor cuidado; distinguiendo, separando y notando los montes que fueran de Realengo, o aprovechamiento común, de los que pertenecieran á particulares, los ríos, arroyos, vertientes, tierras baldías y servidas que estimaron a propósito para sembrar o plantar los que lucren más adecuados, y no pertenezcan a particulares, según la calidad del terreno: cuyas noticias deben servir para que los Corregidores estén instruidos de lo que han de cargar y repartir a cada pueblo según sus vecindarios términos, tierras incultas y estado de sus montes; de forma que los árboles que estuvieron ya criados se conserven, limpien y mejoren a sus debidos tiempos y que los que no lo estuvieron se siembren y planten de nuevo con aquellas especies que sean más a propósito.”

“Articulo 25.- Y para que lo mandado, y demás que se mandare en esta razón, tenga su debido efecto, el Concejo, Justicia y Regimiento de cada pueblo, por la parte que le toque, elija y nombre cada año, al mismo tiempo que los demás oficios públicos, los guardas de campo y monte que según la extensión de su término juzgare conveniente; los cuales con este título, o el de celadores, cuiden de su conservación y, aumento, aprehendan, y denuncien ante la Justicia ordinaria, los que encontraron o justificaren hacer tales, causar incendios, introducir ganados, o cortar sin licencia; procurando que tales guardas sean personas de buena opinión, fama y costumbres.”

El Rey quiere ingenieros y guardas

Tres siglos de Guardería

La Gaceta de Madrid, numero 52, correspondiente al martes 24 de diciembre de 1748, publicó un Decreto de Fernando VI, dirigido al marqués de la Ensenada, en el que, aprovechando el desahogo de los gastos de guerra, el Rey renunciaba a determinados ingresos de la Corona en favor del pueblo, concediendo a éste la gracia de los terrenos baldíos.

Con tal motivo, y al tiempo de comentar otras cuestiones agrarias pendientes, el monarca reitera al primer secretario de Estado su gran preocupación por la situación presente y futura evolución de la riqueza forestal española con las siguientes proféticas palabras:

“Hace ahora el tiempo de un mes que liemos concedido a don Manuel de Heredia la Secretaría de la Junta de Obras y Bosques, vacante por fallecimiento de don Gerónymo Val, y en nuestra Real Ordenanza del 7 próximo pasado hemos hecho saber, á Corregidores y Justicias, nuestro firme deseo por que cuiden con el mayor celo de la conservación de los montes y aumento de plantíos; pero mucho temo que no baste con la intervención de aquella Secretaría ni las previsiones de tal Ordenanza para llegar a una eficaz acción en favor de tan importante riqueza del Reino; y de ello podría haber gran remedio si se pusiera un mejor orden en lo que se ha imaginado en los artículos cinco y veinticinco de dicha Ordenanza; ya que no parece suficiente nombrar personas con generales ó vulgares conocimientos de árboles, tierras y propiedad de éstas sino que también sería muy acertado que todas las dichas personas actuen conjuntamente hacia el mismo fin usando de un superior saber, ganado con el estudio, que les permita hacer o mandar hacer lo más conveniente para lo que tienen encomendado sin que se distraigan con la práctica de ningún otro oficio o industria; y en lo que atañe a los guardas de campo y monte, si por el momento pudiere estimarse discreto se elijan y nombren cada año, no debe verse así para el futuro, ya que si bien parece sean personas de buena opinión, fama y costumbres, es preciso además, como aquellas personas de más sabiduría que citamos, actúen conjuntamente como vigilantes únicos de todos los bosques y plantíos del Reino, poniendo en su cometido la reciedumbre de sus cuerpos, la aversión al soborno ó a la malicia, y el largo conocimiento de los montes que tutelan, así como de las costumbres de los más rebeldes delincuentes.”

Es evidente que no hace falta ser un experto en Administración forestal española para darse cuenta de que Fernando VI no so lo acababa de definir -ante el marqués de la Ensenada y el secretario que te acompañaba para tomar nota de las regias palabras- al futuro y prestigioso Cuerpo de Ingenieros de Montes (incluso estableciendo el conocido lema de éste, usado desde sus primeros tiempos, de “Saber es hacer”), sino también al de la actual Guardería Forestal, que, además de poseer todas las buenas cualidades que señalaba el gran monarca madrileño, ha dado sobradas pruebas durante su larga historia, de estar dotado de otras muchas más, tan valiosas como aquéllas.

Al llegar a este punto -y aun sin afán alguno de entrar en esotéricas especulaciones- no hay, más remedio que sorprenderse ante la extraordinaria vinculación que existió entre la historia a persnal de Fernando VI y la de los Cuerpos Forestales, porque, además de los señalado en el párrafo anterior, sabido es que tan prudente y melancólico soberano murió el 10 de agosto de 1759, en el castillo de Villaviciosa de Odón, de la provincia de Madrid, donde el día 2 de enero de 1848 se inauguró la “Escuela Especial de Ingenieros de Montes y Plantíos”, asi llamada en el Reglamento de la misma de 18 de agosto de 1847, que había sido elevado al Consejo de Ministros por el titular de la Gobernación del Reino, don Antonio Benavides, el 10 de agosto, mismo día y mes en el que murió Fernando VI el año 1759.

Los fusileros Guarda-Bosques Reales

Su hermanastro, Rey de las dos Sicilias, se convirtió automáticamente en el monarca de España con el nombre de Carlos III, quien desde el principio de su reinado se distinguió, notablemente, por la defensa de todos los recursos naturales y artísticos del país, así como por el adecuado aprovechamiento y disfrute de los mismos por el pueblo.

Entre sus desvelos por la conservación de la Naturaleza, ocupan lugar preferente los que se refieren a la protección y fomento de los montes: de lo que es buena prueba el hecho de que, con fecha 4 de agosto de 1761 -antes de haberse cumplido los dos años de su subida al trono- sancionara una Real Ordenanza creando la “Compañía de Fusileros Guarda-Bosques Reales”, que estaba mandada por un capitán y a cuyas ordenes quedaban 103 individuos con distintas graduaciones.

Siendo la misión primordial de esta Compañía cuidar los bosques reales, su cuartel general radicaba en Aravaca, a una legua de Madrid, estando repartida en varios destacamentos, uno de los cuales, forzosamente, había de establecerse siempre en el lugar en que se encontrase la Corte.

El criterio de que las buenas leyes y su rigurosa observancia son el -apoyo más firme de la prosperidad de los Estados era constantemente difundido y defendido por los escritores, políticos y militares de la época de dicho soberano.

Así, en la obra titulada Juzgados Militares de España y sus Indias, escrita en 1788 por don Félix Colón y Larriátegui -descendiente directo del descubridor de América-, se podía leer lo siguiente: “Al Príncipe toca la promulgación de las leves; a su cuidado pertenece que sean justas, equitativas, claras, sin ambigüedad ni contradicción, útiles, acomodadas al estado y al carácter de los Pueblos, y capaces de arreglar y terminar brevemente las diferencias que más comúnmente se susciten entre ellas ...” “Las maravillosas consecuencias que se han experimentado en lo interior de nuestra Monarquía de la subsistencia perenne de la Milicia reglada, han sido la supresión absoluta de toda violencia pública, el sosiego de la Religión, el premio de las virtudes, el castigo de los vicios, el culto de la justicia, la salud del Reino y la estabilidad de la paz ...”

Acaso conceptos tan ditirámbicos no fuesen absolutamente exactos, por grandes que fueran los esfuerzos legislativos de los estadistas de aquellos tiempos; pero si en la realidad histórica encontramos hechos y sucesos de aquel reinado que contradicen tales asertos, no puede negarse que de los mismos se deduce el optimismo y la satisfacción por las mejoras introducidas por Carlos III en todas las providencias encaminadas a la defensa del orden y de las riquezas públicas.

Tres siglos de Guardería

La guerra que -el día 2 de enero de 1762- declaró a España el rey de Inglaterra no fue suficiente causa para desviar la atención de Carlos III hacia el fomento de los recursos naturales nacionales, ya que por Real Resolución de 19 de abril se nombraron “Visitadores de Montes y Plantíos”, a todos los cuales se les dieron instrucciones para el desempeño de su cometido.

Como resultado de los primeros informes redactados por la Compañía de Fusileros Guarda-Bosques Reales –y a propuesta del marqués de Grimaldí, primer Secretario de Estado- se publicó la Real Orden de 28 de mayo de 1764, dictando reglas para evitar los incendios forestales; precisando las precauciones que, para ello, habrían de observar “las personas que andan por tierras y montes”, así como las medidas para la vigilancia de éstas: Unos veinte años después, por Real Ordenanza de 29 enero de 1784, se estableció el “ Reglamento” para la citada Compañía de Fusileros Guarda-Bosques Reales.

Una etapa de crisis

Muerto Carlos III -el día 14 de diciembre de 1788-, subió al trono su hijo Carlos IV, quien -siguiendo las reiteradas recomendaciones de su padre- mantuvo como primer ministro a don José Moñino, conde de Floridablanca, tan conocedor de los problemas sociales económicos y agrarios del país. Entre estos últimos concedía especial atención a los forestales; pudiéndose citar como una muestra de ello el que a principios del año 1790, promoviera la concesión, en Madrid, de un premio de 1.500 reales de vellón para el que mejor escribiera sobre el siguiente tema: “Cuáles son los obstáculos que impiden y atrasan, en la actualidad, la prosperidad de montes y plantíos de España”. Y una de las principales conclusiones a las que llego el triunfador del correspondiente concurso fue la de la urgente necesidad del establecimiento de una adecuada vigilancia, tutelada por el Estado, con especial atención a los incendios y a la entrada del ganado en las repoblaciones jóvenes.

El protegido de la reina María Luisa de Parma -convertido en favorito del rey Carlos IV desde el año 1792-, don Manuel de Godoy y Álvarez de Faria, consiguió que el único interés de monarca por la Naturaleza se limitara a la fauna cinegética. Con ello, mientras el soberano cazaba incesantemente, abandonando los negocios del Estado, el primer ministro manejaba a su gusto el país y acumulaba toda clase de títulos (tales como duque de Alcudia y Sueca, Príncipe de la Paz y de Basano, Generalísimo de los Ejércitos y Gran Almirante General de España e Indias); pero en relación con la riqueza forestal nada de in- e se hizo bajo su Gobierno.

Sólo cabe citar que, en 31 de octubre de 1796, la recién creada “Conservaduría general de Montes y Plantíos” publicó una Orden reputando el aprovechamiento de aquellos que estaban a cargo de los Corregidores, y señalando la necesidad de someterlos a una rigurosa vigilancia, para remediar los desmanes que se cometían en los mismos. Y que en el año 1802, se publicó una Real Ordenanza creando una Guardería especial para la vigilancia de los montes sometidos a la jurisdicción de la Marina Real

Pero lo cierto es que los daños que se causaban en los arbolados iban en aumento; y se hacía patente y urgente la necesidad de ejercer una eficaz vigilancia de una riqueza sobre la de incidía una cantidad españoles cada vez mayor; a pesar de que en el censo realizado en el año 1807 se asignaban a España peninsular una población de solamente unos once millones de habitantes.

Durante los siete turbulentos años que van desde 1807 -en que comenzó la invasión francesa- hasta el re teso al país de Fernando VII -en el año 1814- los bosques hispanos estuvieron totalmente abandonados a su suerte. Y por si ello fuera poco, las llamadas Cortes Generales y Extraordinarias de Cádiz, por decreto de 14 de enero de 1812, dispusieron la extinción de la “Conservaduría General de Montes y Plantíos” y todas las Subdelegaciones y Juzgados particulares del ramo.

Por iniciativa del duque de San Carlos, primer secretario de Estado de Fernando VII, se publicó la Real Cédula de 19 de octubre de 1814, restableciendo la Real Ordenanza de 1748, nombrándose los Visitadores, Guardas y Celadores con el fin de “mejorar con la vigilancia y especial protección del Gobierno el fomento de Montes y Arbolados.”

Durante dieciocho años, a partir de la citada Real Cédula, ni una sola disposición oficial puede mencionarse que tuviera relación con la defensa de la riqueza forestal.

Acaso deba señalarse en tal sentido que, por delegación del monarca -que se encontraba enfermo-, la reina María Cristina de Borbón-Nápoles firmó el Real Decreto de 5 de noviembre de 1832 estableciendo el Ministerio denominado “Secretaría de Estado y del Despacho de Fomento General del Reino”, entre cuyas incumbencias y atribuciones privativas figuraban “el plantío y conservación de los montes y arbolados”, así como “la caza y la pesca”. Para dirigir este nuevo Ministerio fue nombrado D. Narciso de Heredia, conde de Otalia, con fecha 28 de diciembre del mismo año.

De todas formas -posiblemente porque otras cuestiones mucho más graves dominaban en el país- lo cierto es que todo lo relacionado con la administración y guardería de la riqueza forestal hispana se caracterizaba por una notoria indolencia y descuido cuando, el 29 de septiembre de 1833, murió en Madrid el rey Fernando VII.

Las Ordenanzas Generales de Montes

La reina regente y gobernadora, María Cristina de Barbón -durante la minoría de edad de su hija Isabel-, confirmó en el cargo de presidente del Consejo de Ministros a don Francisco Cea Bermúdez, y en el de secretario de Estado y de Fomento General del Reino, al conde de Ofalia; pero este último fue sustituido en dicho cargo por don Francisco Javier de Burgos -mediante el real decreto de 21 de octubre de 1833- como persona que se había distinguido notablemente por su afición y conocimiento, sobre temas agrarios y especialmente forestales. Consecuencia de ello fue la publicación, en la Gaceta de Madrid del martes 24 de diciembre de 1833 del real decreto del Ministerio de Fomento General del Reino -de 22 de diciembre- aprobando unas “Ordenanzas Generales de Montes” (conocidas desde entonces como las Ordenanzas de Javier de Burgos), que fueron de extraordinario valor para la conservación y fomento de la riqueza forestal española durante muchos años. En el título primero de las mismas se encargaba a una “Dirección General de Montes” de su cumplimiento, cesando toda intervención de “la Marina Real o cualesquier otros establecimientos del Estado” sobre la vegetación espontánea de los territorios nacionales, y en el titulo quinto se detallaba la intervención de los comisionados y guardas de la citada Dirección General de Montes.

Tres siglos de GuarderíaLa mencionada muerte de Fernando VII originó un agitado final de año político 1833. Como consecuencia de ello, y en lo que al ámbito forestal se refiere, debe citarse lo siguiente: el 15 de enero de 1834 es nombrado presidente del Consejo de Ministros el ilustre escritor liberal granadino don Francisco Martillos de la Rosa, quien el 17 de abril decide sustituir a don Francisco Javier de Burgos por don José Moscoso de Altamira en la Secretaría de Estado y del Despacho del Fomento General del Reino; el 13 de mayo este Departamento pasa a denominarse “Secretaría de Estado y del Despacho del Interior”; y el 17 de febrero de 1835 se nombra titular del nuevo Ministerio a don Diego Medrano, a quien se debe la división de la superficie de la España peninsular en distritos de montes y comarcas. También ese ministro firmó el real decreto de 30 de abril, del mismo año, por el que se creó el Cuerpo de Ingenieros Civiles, con las cuatro inspecciones de: Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos; Ingenieros de Minas; Ingenieros Geógrafos; e Ingenieros de Bosques. Con la aparición de estos últimos en la Administración Pública, se iba a facilitar decisivamente lo previsto en la real ordenanza de Fernando VI, de 1748, para el aumento y conservación de montes y plantíos; tanto en lo relativo al personal técnico (art. 5), como al de guardería (art. 25).

La escuela de Ingenieros de Bosques

El real decreto de 1 de mayo del mismo año 1835 -firmado por la reina gobernadora, doña María Cristina de Borbón, y por el citado secretario del Despacho del ramo, don Diego Medrano- dispuso el establecimiento de una “Escuela Especial de Ingenieros de Bosques”.

Por real decreto de 4 de diciembre de 1835 la Secretaría de Estado y del Despacho de lo Interior paso a denominarse “Secretaría de Estado y del Despacho de la Gobernación de la Península”, de la que procede el real decreto de 31 de mayo de 1837, que confirmó las funciones de una “Dirección General de Montes Nacionales” v dio normas para el nombra miento de Celadores. La real orden circular del mismo Departamento ministerial de 1 de marzo de 1839, precisó las reglas que deberían observarse para el nombramiento de Administradores, Celadores, Guardas u otros empleos dependientes de la citada Dirección General.

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La Guardería Forestal necesita una urgente elevación de su nivel profesional y de su situación sociolaboral

La Guardería forestal ha vivido hasta ahora marginada. Los agentes forestales, transferidos recientemente a las administraciones autonómicas, con la esperanza de una reestructuración de su profesión que eleve su formación y su situación social y económica. Sin unos cuerpos de vigilancia sobran todas las leyes de conservación de la naturaleza. Mientras esto no se entienda así, poco se avanzará en la gestión racional de los recursos naturales.

Por la Asociación Profesional de Agentes Forestales (Cuaderno nº 21 de Invierno de 1985 de la revista Quercus).

La Guardería Forestal necesita una urgente elevación de su nivel profesional y de su situación sociolaboralLa necesidad de proteger nuestro Patrimonio Natural no es un problema exclusivo de nuestro tiempo, hace siglos que nuestros gobernantes idearon, entre otras medidas, la creación de colectivos encargados de velar por su conservación.

Ya en el año 1677, reinando Carlos II, se dicto una Real Ordenanza disponiendo: “La vigilancia de las masas arbóreas y los animales salvajes que las habitasen por todas las autoridades de la monarquía a quienes correspondiesen”.

Fernando VI, dicta otra ordenanza en el año 1748, que en su art. 25 nombra a los “Guardas de Campo y Monte con ese titulo, o el de Celadores, ordenándoles que prendan, denuncien a los taladores, causantes de incendios, introductores de ganados en plantíos procurando que dichos guardas sean hombres de buena opinión, fama y costumbres”.

Días después, con un decreto nombra a otras personas que “actúen hacia el mismo fin, usando de un saber ganado con el estudio que les permita hacer o mandar lo más concerniente; y en cuanto a los guardas de campo y monte les ordena, que actúen conjuntamente con aquellas personas de mas sabiduría poniendo en su cometido, la reciedumbre de sus cuerpos, la aversión al soborno o la malicia, y el largo conocimiento de los montes que tutelan”.

En el párrafo anterior, encontramos definidos dos de los colectivos básicos que actualmente siguen vigentes en materia de Conservación de la Naturaleza, estos son: los Ingenieros de Montes y Agentes Forestales.

El rey Carlos III, el 19 de abril de 1762 sanciona una Real Orden, por la que se crea la compañía de Fusileros Guardabosques Reales.

Su hijo Carlos IV, a finales del siglo XVIII, promueve un premio sobre el tema: “¿Cuáles son los obstáculos que impiden y atrasan en la actualidad la prosperidad de los montes y plantíos de España?”. El ganador del concurso llegó a la siguiente conclusión “Urge la necesidad del establecimiento de una vigilancia tutelada por el Estado con especial atención a los incendios y entradas de ganado a las repoblaciones jóvenes”.

En el año 1866, siendo reina Isabel II ejercían acción vigilante en los montes. la Guardería Rural, los Guardas Mayores, los Guardas del Monte del Estado y la Guardia Civil.

Alfonso XII en el año 1876, cesa todas las guardarías y deja corno vigilantes de monte únicamente a la Guardia Civil, pero al año siguiente, por la Ley de Repoblaciones Forestales crea a los Capataces de Cultivo en los distritos Forestales, y dos años después les autoriza denunciar los daños que se causen a los bosques y se contratan los vigilantes temporales de incendios

En 1907, se hace especialmente preciso un cuerpo que se ocupe de los montes, en su vigilancia y otras misiones incompatibles con el carácter de la Guardia Civil, se crea sustituyendo al anterior, el Cuerpo de la Guardería Forestal del Estado, en el texto de su formación se dice: “El personal que se elija, ha de vivir apartado de todo lo que significa influencia o favor, y convencido de que sólo puede fiar la seguridad de su destino y la recompensa de los ascensos al cumplimiento estricto de sus deberes

Durante la 2.ª Republica, en el año 1935, se crea el Patrimonio Forestal del Estado, que es reformado en el ano 1941.

Gobernando el General Franco y dependiendo de la Dirección General de Montes, Caza y Pesca Fluvial, coexistían: La Guardería Forestal del Estado, la Guardería del Servicio de Caza y Pesca Continental y la Guardería del Patrimonio Forestal,

En el año 1971, se crea el Instituto Nacional para la Conservación de la Naturaleza (I.C.O.N.A.). Este Organismo Autónomo crea su propia Guardería con la fusión de los forestales del Patrimonio Forestal y el Servicio de Caza y Pesca Continental quedando como agregados los de la Guardería Forestal del Estado.

Nuestro actual Rey, Juan Carlos I, en el año 1978, firma el Real Decreto nº 609/1978, por el cual la denominación de Guarda Forestal queda sustituida por la de Agente Forestal.

El día 6 de diciembre de ese mismo año es ratificada por Referéndum la nueva Constitución, que recoge en su titulo VIII el Estado de las Autonomías.

Es en el año 1985, cuando cada Autonomía tiene su Guardería Forestal propia; al quedar finalizado el proceso de transferencias de competencias en materia de Conservación de la Naturaleza.

Durante el periodo histórico que acabamos de resumir, comprobamos que existía una preocupación por impedir los atentados ecológicos; la formación y evolución de las sucesivas Guarderías Forestales, unido al esfuerzo legislativo realizado así lo demuestran. El por qué del progresivo deterioro de nuestra naturaleza, habría que buscarlo en múltiples causas, algunas de las que consideramos más importantes son:

- La dificultad de ejercer una vigilancia exhaustiva en extensas demarcaciones territoriales.

- La necesidad que tenia la población eminentemente rural de utilizar los recursos naturales para su subsistencia, que degeneraría en muchos casos en abuso y codicia.

- Escasa dotación de recursos económicos, tanto para tener personal suficiente, como para dotar a éste de los medios necesarios.

- Excesiva burocratización y mala organización, en una profesión cuya actividad se realiza en el campo.

- La idiosincrasia de los españoles.

Circunstancias éstas que no han variado en lo esencial en la época actual.

La Casa Forestal

A principios de siglo, se hace necesario dotar de mayor funcionalidad y eficacia al servicio de la Guardería Forestal. Seguir realizando la policía y custodia de montes y ríos distanciados de los núcleos urbanos varios kilómetros, era una tarea complicada y poco efectiva, por lo que se ideó la construcción de viviendas en el interior de los montes, situadas en lugares estratégicos, obligando a los forestales a habitarlos en todo tiempo, con la intención de hacer la vigilancia de éstos más completa y provechosa. Recordemos que por aquella época, y sobre todo en el medio rural las caballerías eran el único medio de locomoción, y no todo el mundo disponía de alguna.

Con el asentamiento de los forestales en estas viviendas. se consiguió:

- Mayor agilización y capacidad de recorrer más terreno en menos tiempo.

- Más dedicación y tiempo de trabajo. El forestal estaba las 24 horas en el monte, pues habitaba en él.

- Posibilidad de vivir múltiples experiencias que dotaron al forestal de un gran conocimiento de los montes que tutelaba, y de todos aquellos acontecimientos que en ellos se daban.

- Una gran independencia. Al vivir solo, o a lo sumo en compañía de la familia de otro compañero, las situaciones de amiguismo o compensación de favores, serían mínimas y situarían al profesional en una posición de fortaleza a la hora de sancionar todas aquellas infracciones que descubriese.

La casa forestal, medida que benefició la protección de nuestros montes, acarreó como secuela directa un modo de vida, que desprofesionalizó al Guarda Forestal, con la peculiaridad del aislamiento, que le trajo como consecuencia una serie de marginaciones (sociales, culturales, sanitarias, profesionales, etc.), y todo tipo de dificultades para su existencia.

- Marginación social. Al faltar oportunidades de tener trato con la gente por habitar y trabajar en un medio despoblado. De los encuentros que tenían en el monte, la mayoría eran para reconvenir y sancionar las infracciones, lo que dificultó la sociabilidad, principio básico del ser humano, y fomento la taciturnidad y recelo en el forestal.

- Marginación cultural. El habitar en la casa forestal, y la consiguiente marginación social, imposibilitó el desarrollo cultural del forestal, además de enfrentarte a la impotencia de dotar a sus hijos de una escolarización suficiente.

- Marginación sanitaria. Condicionada como las anteriores por el medio y la soledad. Imaginemos la frustración y sufrimiento de unas familias que en caso de enfermedad o accidente, debían trasladarse en caballería si la tenían, al pueblo más cercano que tuviese médico, recorriendo varios kilómetros por malos y escabrosos caminos de montaña, con las consiguientes inclemencias meteorológicas, además de abandonar por un tiempo indeterminado aparte de la familia, cuando el enfermo fuese un progenitor.

- Marginación profesional. El ser un cuerpo disgregado con demarcaciones territoriales muy extensas, impidió tener contactos habituales entre los miembros de la Guardería, lo que acarreó la escasa concienciación de colectivo.

La obligación de residir en casas forestales, ha durado hasta mediados de la década de los años sesenta, e incluso actualmente, continúan utilizándose como residencia permanente, aunque lógicamente con otros condicionamientos.

Definición y funciones de la Guardería Forestal

Monumento a la Guardería Forestal en monte “Do Medo”. OrenseReseñamos algunos artículos del Reglamento de la Guardería Forestal, Decreto de septiembre de 1966 (BOE 8 de octubre de 1966) que aunque caduco y trasnochado, aún sigue vigente, para mostrar el carácter que éste asigna al Agente Forestal.

Art. 45: “Todos los miembros del Cuerpo de la Guardería Forestal, tendrán el carácter de Agentes de la Autoridad, siempre que se encuentren de servicio auxiliarán a los servicios de vigilancia y seguridad Estado, y portarán en acto de servicio el armamento reglamentario.”

Art. 46: “Los Guardas, como agentes la autoridad y como miembros de la policía judicial, tienen el deber de intervenir en todos los hechos justiciables.”

Las funciones del Agente Forestal, se encuentran reguladas por el Reglamento anteriormente citado y el Real Decreto por el que se concreta y desarrollan determinadas funciones del Cuerpo de la Guardería Forestal, de 24 de septiembre de 1982 (BOE, 30 de octubre de 1982).

Estas se pueden resumir del siguiente modo:

a) El Reglamento de 1966, en su art. 1º, que son misión principal de la Guardería Forestal la custodia y policía de la riqueza forestal pública, de la cinegética dentro los terrenos de su jurisdicción, de la dirección y fiscalización del personal obrero en trabajos y servicios de aprovechamientos conservación y mejora en los montes, y en los de repoblación, así como cuantos servicios se les encomienden para la mejor conservación de los montes, público o particulares, igualmente, en el apartado del citado articulo, se indica que les corresponden las atribuciones y cometidos asignados a la Guardería de Pesca Continental del Estado.

El art. 49 establece que los Guardas vigilarán constantemente el monte o m montes que constituyan sus cuarteles, zona o comarca, guardando los linderos exteriores e interiores, vigilando la ejecución de aprovechamientos y mejoras que se realicen, haciendo efectivos los acotamientos y denunciando toda clase de daños, abusos e infracciones que sorprendieran, no solamente en los montes sometidos a su custodia día, sino también en cualquier otro en que se encontraren.

b) El Real Decreto de 24 de septiembre de 1982, dispone en su art. 1º, que sin perjuicio de las funciones establecidas en el Reglamento de 1966, les corresponderán misiones de atención, policía y vigilancia los parques nacionales, reservas de interés científico, parques naturales de interés nacional, reservas nacionales de caza y parques naturales cuando sean administrados directamente por el I.C.O.N.A

En el art. 2º se establece que el Cuerpo de la Guardería Forestal desempeñará cometidos para los que habilita el título de Capataz Forestal. El cuidado y actuaciones materiales que se les encomiende en las granjas cinegéticas, piscifactorías, laboratorios y centros ictiogénicos, viveros forestales y otros establecimientos similares; vigilancia de almacenes y material terrestre y maquinarias para la lucha contra los incendios forestales; la colaboración y actuación directa en su extinción, y otras de análoga naturaleza.

La disposición transitoria 1.ª establece que se asumirá al menos transitoriamente, la vigilancia, custodia y policía de las vías pecuarias e igualmente y con el mismo carácter desempeñará aquellas misiones que puedan encomendársele en relación con la conservación de los recursos naturales y otras tareas de colaboración del Ministerio de Pesca y Alimentación, o de otros departamentos y organismos; ejemplo de esto último es el convenio que suscribieron, el día 9 de abril de 1982, el Director General de Bellas Artes, Archivos y Bibliotecas y el Director de ICONA por el cual, la Guardería Forestal prestaría servicio de vigilancia. en aquellas zonas donde existieran edificios o restos arquitectónicos artísticos y arqueológicos y se encuentren bajo la tutela del susodicho organismo.

Evolución de las funciones de la Guardería Forestal

Durante la primera década del presente siglo se potencia la labor de custodia y policía de los montes, de la Guardería Forestal, para evitar en lo posible el tremendo abuso continuo que se cometía por doquier contra las masas arbóreas. Esta circunstancia acarreó a sus miembros odios, amenazas, agresiones, heridas e incluso la muerte, por su misión principal impedir o sancionar los aprovechamientos irracionales cometidos por una sociedad eminentemente rural, y habituada a costumbres seculares y difíciles de desarraigar: el ganado suelto impidiendo el desarrollo de la regeneración natural y de las repoblaciones artificiales; el trasmocho de frondosas para ramón de los ganados; la tala de latizales para elegir piezas de arados, ruedas de carro, etc.; la tala de fustales para vigas, arreglos de ventanas, puertas, muebles, etc.; el carboneo, la corta indiscriminada de leñas para el fuego del hogar, etc.

La Guardería Forestal necesita una urgente elevación de su nivel profesional y de su situación sociolaboralCon la reforma del año 1941 del Patrimonio Forestal, se contratan por este organismo, los encargados forestales, que posteriormente obtienen el reconocimiento de Guardería Forestal del Patrimonio, dependiente de las Divisiones Hidrológicas y asumiendo todas las funciones de la Guardería Forestal del Estado, que por aquel entonces dependía de la Dirección General de Montes. Ambos cuerpos forestales asumen sobre el terreno, la responsabilidad como capataces, de canalizar los trabajos de las brigadas de obreros, en el ambicioso plan de repoblaciones que acomete nuestra nación, una vez finalizada a Guerra Civil.

Anteriormente, la Guardería Forestal del Estado ya realizaba la dirección de trabajos selvícolas y repoblaciones, pero es en la época que relatamos, cuando sin perjuicio de otras funciones, se les encomienda a los forestales como tarea primordial las repoblaciones.

De la magnitud de éstas, da idea el Secretariado de la FAO, que en el año 1959 y dentro del plan de repoblaciones de los estados miembros de este organismo, destaca en primer lugar a España, con el 50 % del programa europeo realizado.

Como consecuencia del avance tecnológico, la apertura de pistas forestales, que en ocasiones enlazaron pueblos aislados y los empleos creados por las repoblaciones, se anuló a mediados de la década de los sesenta, la obligación que pesaba sobre la Guardería, de residir en casas forestales, y por tanto comenzó a ser mejor tratada y comprendida por las poblaciones donde residía.

Coincidiendo casi en el tiempo con el nacimiento del Instituto Nacional para la Conservación de la Naturaleza, se desatan con una virulencia extraordinaria, lo que se ha dado en llamar, la mayor plaga de las masas forestales y la vida que ellas albergan, los incendios.

Durante el periodo 1973-1982, en España ardieron casi dos millones de Hectáreas de bosques y terrenos desarbolados.

La Guardería Forestal, integrada en ICONA desde la fecha de su creación, en el año 1971, es básicamente la encargada sobre el terreno de acometer en primer lugar su prevención, y posteriormente su extinción dirigiendo los retenes y el personal voluntario.

Durante estos años, y sin menoscabo de sus otras múltiples funciones, los incendios forestales van a someter al colectivo de Agentes Forestales a un intenso (434.000 Ha. quemadas en el año 1978), penoso (imposibilidad, sobretodo en verano, de disfrutar vacaciones, fiestas y domingos), y peligroso (numerosas víctimas todos los años) trabajo, que no han sabido reconocer suficientemente ni la Administración, ni la amplia mayoría de la sociedad española, ni los diferentes medios de comunicación, que cuando dan la relación del personal que ha intervenido en un siniestro, se olvidan habitualmente de nombrar a la Guardería Forestal.

Peligrosidad y penosidad de una profesión

Dos circunstancias unidas a las funciones de la Guardería Forestal, condicionadas por el lugar y los medios que se poseen para realizar la actividad profesional.

Penosidad: Al ejercer la profesión generalmente en sistemas montañosos, subiendo y bajando laderas accidentadas, vadeando ríos, recorriendo grandes distancias y soportando frecuentemente, todo tipo de inclemencias meteorológicas.

Es obvio, que estos profesionales deberían estar equipados satisfactoriamente, pues bien, el uniforme asignado es el mismo que casi todos hemos utilizado durante el servicio militar, con la única diferencia del color; éste consta de chaqueta cruzada con corbata y pantalón, botas (en algunos casos de suela lisa) y un chubasquero normal. Uniforme insuficiente y poco funcional, que además se confecciona cada dos o tres años, o que obliga al forestal a realizar el servicio, en ciertas ocasiones con prendas no reglamentarias o vestidos totalmente de paisano.

Para la lucha contra los incendios, se utiliza un cinturón portador de útiles como: guantes, mascarilla, cantimplora, etc.; los agentes forestales, colectivo básico en esta lucha, únicamente están dotados de cinturón.

El medio de locomoción oficial para realizar la labor profesional, tanto en verano como en invierno es la motocicleta, sólo se utilizan coches y Land-Rover excepcionalmente.

Peligrosidad: La heterogeneidad de cometidos de la Guardería Forestal, somete a sus miembros a riesgos muy diversos y en ocasiones, extremadamente peligrosos como son:

- Los incendios forestales, causante de muertes todos los años además de quemaduras y traumatismos por el humo llamas, terrenos accidentados, y las masas de agua que vierten los hidroaviones en ocasiones, sobre el personal terrestre encargado de apagarlos.

- El furtivismo, arraigado profundamente en ciertos individuos, que han provocado la muerte de algún forestal; facilitado por ser éste el único cuerpo en que cada uno de sus miembros facilita el servicio en solitario, normalmente a pie o en motocicleta, con emisoras que funcionan únicamente en la época de peligro de incendio y con un rifle anticuado y sin munición.

- Accidentes al utilizar la motocicleta, que independientemente de la gravedad de éstos, postergan al accidentado a confiar en su suerte y arreglárselas como pueda, hasta que alguien pueda auxiliarle.

- Las agresiones físicas y verbales, frecuentes al recriminar o sancionar las infracciones estipuladas en las leyes de Montes, Caza, Pesca, Incendios forestales, etc.; debido al carácter y la falta de educación e información de algunos ciudadanos, que se creen con el derecho de practicar la más completa anarquía en el medio natural, y no reconocen al Agente Forestal como autoridad en ese medio.

- Los relacionados al fiscalizar los trabajos selvícolas, por realizarse éstos en terrenos dificultosos, con maquinaria pesada, motosierras, etc.; los derivados de la lucha contra las plagas, al combatirse éstas con productos tóxicos o con escopetas, como en el caso de la procesionaria; los riesgos al controlar cacerías y monterías autorizadas; los encuentros con animales que en ocasiones resultan peligrosos, víboras, escorpiones, avisperos, enjambres, etc.; menos frecuentemente lobos y osos; y por último, situaciones a las que el forestal está especialmente expuesto, como son: rayos, desprendimientos, avalanchas, etc.

La Guardería Forestal necesita una urgente elevación de su nivel profesional y de su situación sociolaboralEstos riesgos, cuando se traducen en accidentes, ocasionan bajas en la familia forestal o en el mejor de los casos imposibilita a alguno de sus miembros a realizar funciones de campo, relegándoles a destinos administrativos o a su jubilación, por incapacidad laboral.

Algunos son susceptibles de disminuirse o erradicarse, pero parece ser, que la tecnología moderna y los nuevos métodos de trabajo, están de más para la Guardería Forestal, que ha de seguir anquilosada, pero dando respuesta eficaz a la problemática que acecha a nuestro depauperado Patrimonio Forestal.

La Administración Vasca es la única que aunque, no ha dotado aún suficientemente a sus forestales, ha reconocido las dificultades que entraña su trabajo, y les remunera con una cantidad fija al mes, por los conceptos de peligrosidad y penosidad.

El vehículo del forestal

La labor profesional de la Guardería Forestal, se realiza general y necesariamente en el campo, monte y ribera de los ríos, sitios aislados y poco transitados.

Considerando que el vehículo oficialmente asignado para realizar el servicio, es la motocicleta que no se dan cursillos de su manejo y adiestramiento; que no se facilita el material imprescindible para su correcto uso (casco, gafas, guantes, etc.); que regularmente se tienen que utilizar otros instrumentos para el buen desarrollo del trabajo (emisoras, prismáticos, rifle, mapas, etc.), sin maletas ni compartimentos especiales; que únicamente están dotadas del seguro obligatorio; por último, que el servicio se hace individualmente, el forestal, además de las molestias e incomodidades, sufre la preocupación y el temor constante al accidente y al desamparo.

La mayoría de los Agentes Forestales están destinados en pueblos de montaña. No es necesario residir habitualmente en ellos, para comprobar que los elementos climatológicos (lluvia, granizo, nieve, frío, hielo, viento, niebla) son muy rigurosos y permanentes.

¿Cómo se realiza la misión encomendada con lo anteriormente expuesto?

a) Normalmente, para realizar el servicio en invierno, el correspondiente cupo de gasolina se utiliza en el automóvil particular, con lo que se obliga al forestal a cometer una irregularidad, además de perjudicarle, ya que si bien, el carburante no le grava, no ocurre igual con las averías del coche y su desgaste, éste último muy acelerado por las peculiaridades del terreno donde ha de circular.

b) Cuando el tiempo es más crudo, muchas de las zonas quedan desprotegidas, por imposibilidad material de atenderlas, no así para los furtivos, que bien equipados y con Land-Rover, pueden acceder a zonas donde a pie o en motocicleta es imposible ejercer la labor policial.

c) En las ocasiones en que se utiliza la moto, se prescinde de algunos útiles que entorpecen el transporte (prismáticos, emisoras, arma), pero que posteriormente y según las circunstancias, pueden ser necesarios.

d) El tiempo de trabajo se acorta necesariamente, pues cuando se está mojado o aterido de frío, se anhela el regreso a casa o a un lugar protegido.

e) Se piensa mucho los pros y los contras a la hora de vigilar ciertos lugares, cuando:

1) Hay señales relacionales de cambio de tiempo, hay que tratar por todos los medios de no quedar aislado.

2) En el momento de abandonar la motocicleta y seguir haciendo el servicio a pie por la posible desaparición de ésta o alguna de sus piezas.

3) La posible avería de la máquina, tengamos presente que en estos casos hay que optar por el abandono de la misma o su arrastre a un lugar seguro.

4) La poca autonomía del vehículo, depósito de gasolina pequeño y falta de gasolineras en pleno monte e incluso en muchos pueblos.

Agente forestal del Parque CovadongaResumiendo: el invierno suele durar seis meses en los pueblos de montaña, amplias zonas quedan desprotegidas de la necesaria atención y vigilancia, los rendimientos de trabajo bajan considerablemente. El Agente Forestal, además de pasar frío mojarse y tener accidentes, sufre regularmente gripes y enfriamientos que le obligan a estar de baja. Los furtivos y conciudadanos de estas poblaciones. que conocen perfectamente la problemática del forestal, se aprovechan de estas circunstancias.

El Instituto Nacional para la Conservación de la Naturaleza

Al asumir ICONA la responsabilidad de la Conservación de la Naturaleza en el año 1971, existían en nuestro país, tres colectivos forestales dependientes cada uno de ellos, de un servicio administrativo diferente. Los Forestales creyeron que el nuevo organismo los reunificarla y crearía con todos ellos una única y exclusiva Guardería Forestal.

El ICONA forma su propia guardería con la fusión de los forestales del Patrimonio y los del Servicio de Caza y Pesca Continental quedando en calidad de agregados los miembros de la Guardería Forestal del Estado. Esto trajo como consecuencia que la más antigua de nuestras guarderías quedase gravemente discriminada, al continuar sus miembros sin las ventajas de la Seguridad Social y percibir solamente, el 80 % de las retribuciones básicas al llegarles la jubilación a los 67 años; mientras que la nueva Guardería de ICONA, que asumía el mismo Reglamento, uniforme, distintivos, funciones y jefes que la anterior, disfrutaría desde ese momento del Régimen General de la Seguridad Social, y percibirían todos sus miembros el 100 % de las retribuciones a los 65 años, fecha de su jubilación.

Situación aún vigente y no comprendida por la amplia mayoría de los forestales, que se preguntan el porqué de la dejadez y los problemas administrativos pueden perpetuar semejante injusticia, causante entre otras cosas de una profunda división en la familia forestal, que si no ha afectado al normal desarrollo de la actividad laboral se ha debido, únicamente a la gran profesionalidad y amor propio de la ya centenaria Guardería Forestal del Estado.

Pero si hasta el momento la marginación afecta sólo a una parte de la Guardería, no ocurre igual cuando el ICONA, del que esperaban los forestales que organizara racional y eficazmente el servicio, y los dotase de medios suficientes para cumplir dignamente su trabajo, se despreocupa totalmente de ellos, y encauza todos sus conocimientos burocrática, olvidándose que la Conservación de la Naturaleza ha de acometerse en los montes, y en éstos, día tras día realizan su trabajo los Agentes Forestales, colectivo que ha creído siempre que independientemente de otros cuerpos de funcionarios con más peso especifico en el tema de la naturaleza, ésta en última instancia ha de pasar por sus manos.

Esta despreocupación ha ocasionado a los forestales un grave atraso profesional, social y económico, que seguidamente pretendemos desarrollar.

Necesidad de cursillos de formación

Aspectos profesionales:

La profesión de Agente Forestal tiene múltiples, variadas y complejas funciones que requieren amplios conocimientos técnicos, jurídicos, ecológicos. psicológicos, etc., y exigen por tanto a sus miembros una especial preparación que hay que revisar constantemente, con reciclajes y cursos de formación.

La Guardería Forestal necesita una urgente elevación de su nivel profesional y de su situación sociolaboralAl comenzar la década de los 80, el ICONA aprueba una normativa por la que exigiría el titulo de Capataz Forestal como condición indispensable para el ingreso en la Guardería Forestal; es de suponer que esta medida pretendía que los recién ingresados tuviesen unas nociones básicas sobre conocimientos forestales; incomprensible resultó que dicha medida se aplicase solamente al cuerpo de la Guardería Forestal del Estado, mientras que para el ingreso en la suya propia no fuese necesario poseer dicho titulo.

Posteriormente (ver Decreto publicado 30 de octubre de 1982) ICONA se propuso organizar e impartir cursos de especialización al colectivo forestal, pero en las escasas ocasiones que se llevó a la práctica el citado decreto, se hizo con un criterio un tanto irracional e incompleto dos o tres forestales de cada servicio provincial eran enviados a la provincia elegida para realizar un curso determinado: plagas, incendios, etc., éstos además de los gastos y trastornos de desplazamiento que ocasionaban, no tenían la suficiente continuidad, por lo que eran muy pocos los forestales que accedían a ellos.

Muchos de los acontecimientos forestales están basados en experiencias personales, más ricas y variadas cuanto más tiempo se esté en contacto con el medio natural. Los miembros más veteranos de nuestra Guardería Forestal poseen una sabiduría al respecto extraordinaria, que se pierde sin transmitir a las nuevas generaciones, por el modo de ejercer la profesión, individualmente y sin posibilidad de intercambios frecuentes.

Los conocimientos también son susceptibles de incrementarse y complementarse con guías, monografías, folletos, hojas informativas, etc. El ICONA, que comenzó emitiendo algunas publicaciones fue espaciando estos envíos hasta casi su total desaparición.

La labor forestal además de conocimientos requiere medios técnicos para realizarla adecuadamente. La dotación que de estos hace ICONA a sus forestales, se basan casi exclusivamente en las motocicletas y emisoras.

Las motos aparte de otros problemas, se adquieren sin estudios ni pruebas previas sobre el terreno en que han de realizar el servicio, y sin el consejo de su futuro usuario; por tanto, se compran motos de carretera para transitar por el monte o de motocross cuando lo conveniente, serían las de trial.

Las emisoras son inoperantes en algunas ocasiones por la falta de una suficiente red enlace de repetidores, y otras, por la insuficiencia de pilas.

Otros útiles, como prismáticos, vehículos tipo Land-Rover, equipos especiales contra incendios, etc., que darían mayor seguridad y eficacia a la Guardería, generalmente no entraron en los planes del Organismo. Anécdota curiosa, es el envió que hizo ICONA a los forestales en el año 1982, de una publicación donde se especificaba que el material personal necesario para la lucha contra los incendios, donde se nombran: el mono ignifugo, casco, guantes botas de campo, mascarilla, gatas, cinturón, cantimplora y botiquín personal. De todos ellos sólo con el cinturón y la cantimplora se dotó a la Guardería.

El buen desarrollo de la actividad forestal requiere mucha información y que ésta se transmita con rapidez. No olvidemos lo distanciados que se encuentran los forestales de los centros de poder de donde emana la información, la imposibilidad de que ésta se transmita de unos a otros, por las características tan reiteradas en el presente trabajo, como son la individualidad y el aislamiento impuestos por las demarcaciones territoriales extensas y residir en algunos pueblos donde no se recibe ni el BOE.

¿De qué sirve modificar las leyes de Montes, Caza, Pesca, Incendios, etc. si estos cambios no son conocidos por aquéllos que han de controlar que éstas se cumplan?

ICONA fracasa estrepitosamente en lo referente a dotar de información a su colectivo de campo.

La mayoría de los forestales no han recibido nunca oficialmente las listas de especies protegidas, ni las de aquellas especies que sucesivamente se van sumando a dichas listas. De los periodos de veda y sus sucesivas modificaciones. en ocasiones han sido informados por los propios cazadores y pescadores o por los medios de información.

Como capataces de trabajos, y por tanto responsables directos de los trabajadores de las brigadas, apenas han sido informados de la normativa laboral que regula los derechos y obligaciones de aquéllos que tienen a su cargo.

Frecuentemente ha sido y es, el hecho de que los forestales sean recriminados por los diferentes usuarios del medio natural o por sus trabajadores, al considerarse éstos perjudicados por alguna actitud derivada de la incompleta, caduca o carente información del forestal, que ha ido fomentando progresivamente en algunos miembros del colectivo, la desconfianza y la duda, circunstancias peligrosas si se adueñan del espíritu de un profesional.

Difícilmente se mantendrá la moral alta de un colectivo profesional, si su propio organismo no demuestra un cierto interés por su problemática, además de someter a sus miembros a frecuentes arbitrariedades e injusticias.

Los agentes forestales necesitan un nuevo reglamento que sea homogéneo en todas las Comunidades Autónomas.

Anteriormente. los ascensos a las diferentes categorías profesionales del cuerpo de la Guardería Forestal, se concedían por riguroso escalafón (antigüedad en el servicio) el ICONA, como norma general instaura la subjetiva designación directa de los jefes de los servicios provinciales, sin dar oportunidad a una promoción profesional ecuánime, y sin poner en duda los méritos de los beneficiados por esta medida, se debe cuestionar un método que fomenta el servilismo nunca la profesionalidad y que frustra aquéllos que ni siquiera tienen la posibilidad de acceder a ellos.

La Administración califica a estas categorías como puestos de trabajo, pues pretende que en caso de traslado obligatorio o voluntario conlleve la renuncia de ésta por el forestal afectado, aunque los sucesivos contenciosos-administrativos interpuestos por los forestales se resuelvan a favor de la denominación de categorías profesionales. En algunas ocasiones, una vez otorgadas éstas, no han sido dotadas de operatividad, por lo que únicamente significaban un pequeño incremento salarial sin asumir el beneficiado las inherentes funciones o responsabilidades.

Los cambios de destino voluntarios u obligatorios, las gratificaciones, dietas, ascensos, etc., sin un orden de prioridades ni controles adecuados, generalmente han servido más para discriminar, castigar o beneficiar a individuos que para recompensar conocimientos, antigüedad, gastos y dedicación al realizar los servicios.

Un ejemplo de o anterior son los forestales tales que prestan sus servicios en oficinas realizando una misión de apoyo a sus compañeros de campo, o haciendo trabajos administrativos; estos se han encontrado sin las recompensas de los forestales de monte: ascensos, gratificaciones, etc., y sin las compensaciones de sus otros compañeros administrativos, por pertenecer a un cuerpo diferente y no ser viable la equiparación.

Otros forestales tratados arbitrariamente son los encargados de viveros, piscifactorías, granjas cinegéticas, almacenes de material, etc., que en ocasiones y por falta de presupuesto para contratar personal, se han visto obligados a realiza trabajos de peonaje, sin ser estas funciones propias de ellos.

Aspectos sociales

Heredados de las casas forestales, el ICONA somete a la Guardería Forestal a una organización de trabajo, en la que los forestales se hayan permanentemente de servicio, realizando cualquiera de sus funciones en el monte y sujetos en las poblaciones asignadas.

Durante algunos años el ICONA editaba un boletín,, en el que insertaba un suplemento para la guarderíaSistema, que como ya ocurrió con las casas forestales, acarrea el aislamiento social, cultural, etc. del forestal y su familia, y además en el tiempo presente atenta contra toda ordenanza laboral vigente.

Hasta el año 1978, la Guardería Forestal no ha tenido derecho a ningún día de descanso semanal, y cuando éste se otorgó fue condicionado a que normalmente no coincidiera con festivo ni domingo.

Los forestales pertenecen a un cuerpo de la administración del Estado español, que en el año 1985 efectúa un servicio de 24 horas al día, no poseen más que un día laborable de descanso semanal (52 días libres al año), y no disfrutan los festivos ni las vacaciones en verano.

Una jornada laboral tan atípica, que impide tener un horario prefijado y el no poder abandonar la población asignada, imposibilita la realización y formación suficiente del forestal como persona. Los forestales generalmente prestan sus servicios en poblaciones pequeñas, que normalmente carecen de personal cualificado, centros culturales, actividades variadas e instalaciones.

Determinados organismos poseen guardería propia, como este agente del Monte del Pardo de Madrid.Al coincidir necesariamente el único día libre a la semana con uno laboral, precisamente cuando todos trabajan, favorece el aislamiento y la soledad del forestal, ya de por si muy acentuadas por las características de su trabajo, problemática que se agrava si tiene hijos en edad escolar o cuando su mujer trabaja. al no poder realizar actividades en plan familiar.

No poder disfrutar los festivos ni las vacaciones en verano rompe frecuentemente la necesaria relación y convivencia familiar y social.

En algunas ocasiones, estas anticuadas y ridículas condiciones de trabajo, provocan en el forestal la renuncia al disfrute de su día libre, e incluso de sus vacaciones anuales, claro está sin la correspondiente remuneración económica.

Aspectos económicos

Un colectivo profesional con múltiples e importantes funciones, diversas responsabilidades, dedicación plena, penosidad y peligrosidad contrastadas y un sistema de trabajo tan peculiar y discriminatorio, ha de soportar además de estar mal pagado, adelantar frecuentemente dinero propio (teléfono, gasolina, material, etc.) en beneficio del servicio y que en ocasiones lo pierde, o es recuperado con mucho retraso.

Cualquier legislación de conservación de la Naturaleza, tiene su talón de Aquiles en una guardería deficiente o disconforme.

Detallarnos un cuadro comparativo de las retribuciones que las diversas categorías del Cuerpo de la Guardería Forestal han percibido durante el año 1984:

La Guardería Forestal necesita una urgente elevación de su nivel profesional y de su situación sociolaboralLos totales son en bruto, sin sustraer las retenciones del IRPF, Seguridad Social y Mutualidad.

Cuando se reconoció la dedicación exclusiva para la Guardería forestal. concepto que retribuía la plena dedicación de ésta, sufrió una gran frustración al comprobar que dicho complemento, se iría introduciendo escalonadamente, es decir, primero se daría a un tanto por ciento de sus miembros, después a otro, y así sucesivamente hasta la total equiparación, si tener en cuenta que durante el periodo de tiempo transcurrido, 1980-1984, las funciones y especial dedicación eran iguales para todos sus miembros.

A las retribuciones de los forestales, solamente se suma una gratificación con carácter general: la de incendios, que sólo es percibida por los Agentes que prestan sus servicios en los montes, y que por los cuatro meses de la época de incendios del año 1984, percibieron entre 16.000 y 20.000 pesetas en el mes de marzo del año 1985.

Por el exceso de jornada, imposibilidad de tornar vacaciones en periodo estival, no disfrutar los festivos, etc., los forestales o reciben ningún tipo de compensación económica ni de tiempo libre; cuando otros cuerpos de las diversas administraciones con carácter especial como la Guardería Forestal, han conseguido otros sistema de trabajo más justos y con mejores condiciones sociales y económicas.

El cuerpo de Bomberos de la Comunidad de Madrid, por ejemplo, que actúa conjuntamente con a Guardería Forestal en la extinción de los incendios, además de estar mejor pagado y equipado, por servicio de 24 horas tiene dos días libres, y puede disfrutar las vacaciones en verano

Otro ejemplo es el cuerpo de Policía Municipal de Madrid, que obtiene un compensación económica por festivos o domingos trabajados, descansando su miembros al menos dos domingos al mes, además de recibir un cupo de vacaciones extra por este motivo.

Frecuentemente, los forestales se ven obligados a comer o estar toda una noche en el monte cuando tienen trabajos con la brigada lejos del núcleo urbano, o cuando han de quedarse con el retén apagando un incendio o vigilando que éste no se reavive si ya ha sido extinguido. En éstos y otros casos no se perciben nunca dietas ni pluses.

Los aspectos sociales y económicos han obligado a algunos forestales por su dureza, a solicitar la baja en el servicio activo o la excedencia. para posteriormente buscar otro trabajo o solicitar el reingreso en la escala de personal laboral o de conductores.

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Nuestra Guardería Forestal

Por Ricardo Muro Martínez, Doctor Ingeniero de Montes

Datos históricos.– Tras las tremendas invasiones de diversos pueblos hasta la Reconquista, con el destrozo arbóreo para las necesidades de los ejércitos y en sus encuentros bélicos; la demanda maderera para naves tras la conquista de América; las armadas de Lepanto e Invencible, y los pueblos aprovechándose de sus montes públicos incontrolados, más los daños producidos a las jóvenes plantas por los anárquicos ganados, nuestros continuos bosques debieron de haber desaparecido en gran cuantía unos, y otros mermados de forma alarmante. Es comprensible que los gobernantes y los reyes tuviesen preocupación en aumento por evitar el remate de la riqueza forestal.

Nuestra Guardería ForestalTomo unos breves datos del trabajo de mi gran compañero Guillermo Muñoz Goyanes, publicado en el número 189 de la Revista “Montes.”

Carlos II, último rey español de la Casa de los Austrias, público a fines de¡ siglo XVII una Real Ordenanza disponiendo la vigilancia de las masas arbóreas por todas las Autoridades de la Monarquía que corresponda.

Fernando VI, segundo monarca de la Casa de los Borbón, público una Real Orden a mediados de] siglo XVIII para el “aumento y conservación de montes y plantíos.” Ya se habla en ella de los “guardas de campo y monte”, con ese título o el de “Celadores”, ordenándoles que “aprehendan y denuncien a los taladores, causantes de incendios e introductores de ganado; procurando que, dichos Guardas, sean hombres de buena opinión, fama y costumbres.”

Publica un Decreto, días después, en que dice... “ya que no parece suficiente nombrar personas con generales y vulgares conocimientos de árboles, tierras y propiedades de éstas, sino que sería muy acertado que todas dichas personas actúen hacia el mismo fin, usando un superior saber, ganado con el estudio, que les permita hacer o mandar hacer lo más conveniente, y en cuanto a los guardas de campo y monte... es preciso actúen conjuntamente con aquellas personas de más sabiduría... poniendo en su cometido la reciedumbre de sus cuerpos, la aversión al soborno o la malicia y el largo conocimiento de los montes que tutelan así como de las costumbres de los más rebeldes delincuentes.” Ha profetizado los Cuerpos Técnicos Forestales y el lema de los Ingenieros Superiores. Y más aún, muere en el castillo de Villaviciosa de Odón, donde un siglo después de las Reales Ordenanzas dichas se inauguró la Escuela Especial de Ingenieros de Montes.

Carlos III se distinguió por la defensa de todos los recursos naturales. En el segundo tercio del siglo XVIII sancionó una Real Orden creando la Compañía de Fusileros Guarda Bosques Reales.

Carlos IV también se ocupó de las cuestiones forestales, y finalizando el siglo XVIII promovió un premio sobre el tema: “¿Cuáles son los obstáculos que impiden y atrasan en la actualidad la prosperidad de los montes y plantíos de España?” Y el ganador del concurso llegó a la siguiente conclusión: “Urgente necesidad del establecimiento de una vigilancia, tutelada por el Estado, con especial atención a los incendios y entradas del ganado a las repoblaciones jóvenes.”

La Reina Regente, doña Maria Cristina de Borbón, durante la minoría de edad de su hija Isabel II, firmó un Decreto, aprobando unas Ordenanzas de Montes, conocidas como de Javier de Burgos, donde se encarga a una Dirección General de Montes de su cumplimiento. Dos años después otro Decreto crea el Cuerpo de Ingenieros Civiles, con cuatro especialidades: Caminos, Canales y Puertos; Minas; Geógrafos, y Bosques,

Hacia mediados de siglo XIX, siendo reina Isabel II, se crea la Guardia Civil, cuya actuación afortunada se hace patente durante muchos años en la vigilancia de la riqueza forestal española, y aún hoy su ayuda es valiosa en todo ello y en la extinción de incendios, etcétera. En realidad, a principios de 1866 ejercían acción vigilante en los montes: la Guardería Rural; los Guardas Mayores; los Guardas de Montes del Estado, y la Guardia Civil.

Alfonso XII deja sólo como vigilancia de los montes a la Guardia Civil, diez años después, cesando todas las demás guarderías (1876).

Al año siguiente, por la “Ley de Repoblaciones Forestales””, se crean los Capataces de Cultivo en los Distritos Forestales; ya, aunque con otro nombre, los precursores de la Guardería Forestal. Y dos años después se les autoriza a denunciar los daños que se causen a los bosques y se crean los Vigilantes temporales de Incendios.

En 1907 se hace especialmente preciso un Cuerpo que se ocupe de los montes en su vigilancia y otras misiones incompatibles con el carácter de la Guardia Civil, se crea, sustituyendo al anterior, el Cuerpo de la Guardería Forestal, con el nombre que hoy tiene.

Dice el texto, entre otras muchas cosas: “El personal que se elija... ha de vivir apartado de todo lo que signifique influencia o favor y convencido de que sólo puede fiar la seguridad de su destino y la recompensa de los ascensos al cumplimiento estricto de sus deberes.”

Dificultad de la vida del guarda y su familia en los pueblos.

Ya hemos visto que desde siglos se viene intentando por los gobernantes impedir los taladores, los fuegos en los bosques, la suelta de ganados, etcétera, señal ineludible del tremendo abuso continuo que se cometía por doquier contra las masas arbóreas. Eran costumbres seculares muy difíciles de desarraigar: el ganado suelto impidiendo el desarrollo de la regeneración natural y de las repoblaciones artificiales; el trasmocho de frondosas para ramón de los ganados; la tala de latizales para elegir piezas para arados, ruedas de carro, etcétera, la tala de fustales para vigas, arreglo de ventanas o puertas, muebles, etcétera. El Guarda Forestal era un intruso, un ser odiado que impedía la libertad -así también se llama el libertinaje- de los vecinos en los montes públicos de sus Ayuntamientos, y denunciaba con castigo seguido al hecho. Eran mirados con recelo y pocos intentaban ser amigos suyos. Por otro lado, tampoco podían, ni él ni los suyos, intimar con nadie por si después esos íntimos violaban la ley.

Nuestra Guardería ForestalNingún pueblo quiso tener el Guarda en él a comienzos de la creación del Cuerpo. Luego, haciendo caso al refrán de “al enemigo, en casa se le vigila mejor”, opusieron menor resistencia.

No fueron comprendidos. Por eso en la encrucijada de dos caminos forestales, en una de las Merindades de Castilla, levanté un obelisco con los escudos de España y de Montes y esta inscripción: “A los primeros forestales españoles que lucharon contra la incomprensión popular.”

Dura vida en el centro de los bosques.

Muy pronto se vio que en determinados grandes montes o masas boscosas, la guardería en los pueblos quedaba lejos del corazón de los mismos y por eso se hacia difícil la vigilancia en las partes centrales y opuestas a sus domicilios. Se construyeron casas forestales aisladas en medio de esas masas arbóreas para residencia de los guardas y sus familias. Solían ser casucas para dos familias, una junto a otra en sentido vertical. A veces con alguna habitación para los facultativos. Se añadía alguna dependencia para gallinero, porqueriza y cuadra, todo junto. Sin luz eléctrica, que no había, como no existían teléfonos ni radios. Los sitios donde se ubicaban solían ser una llanada o praderío, resguardada de los peores vientos, soleada, y muy próxima a un buen manantial. La comunicación con los pueblos lejanos era alguna senda de carro, Durante el día, y a veces de noche, las familias quedaban solas con algún perro que, al ladrar, pudiera avisar la presencia de intrusos o viajeros. En caso de emergencia las mujeres tocaban alguna bocina -de las que usaban reglamentariarnente los Guardas- o disparaban alguna escopeta. Vibraciones sonoras que si los Guardas estaban lejos o en algún vallejo encajado no las oían. Es ocioso decir que la cuestión escolar era nula y para enfermedades, accidentes o partos aviesos se utilizaba el traslado en una caballería, generalmente un asno, y, ya con cierto lujo, algún carro pequeño.

Las dos familias reunidas defensivamente, en ocasiones tenían efectos ofensivos. Las humanas virtudes y los humanos defectos giraban allí como las imágenes de un caleidoscopio y había roces que daban, muchas veces, lugar a traslados. Es lógico entre hombres, e insisto, entre mujeres.

En cuanto a la adquisición de víveres y utensilios, en algún día bueno se trasladaba un Guarda al pueblo de mejor mercado con una caballería y volvía con la bestia cargada de la brida, tras larga caminata, y, en el mejor de los casos, alumbrado por las estrellas.

Peligroso y desagradable cometido.

Comenzó la lucha contra los pastores por introducir ganado en sitios prohibidos o en los que sus rebaños no tenían derecho a pastar. Con los ganaderos que dejaban sueltos sus ganados pareciéndoles pequeñas para ellos todas las extensiones. Y es curioso que si en los montes públicos llegara a ser todo su suelo de pastos, como querían y como quieren, suponiendo que no existiera la erosión, el más rico ganadero será el que más se aproveche del monte, y nada en absoluto, en ese aspecto, el que no tiene ganados, que suele ser el más pobre. Pues bien, ante esta gran injusticia nunca hubo oposición popular ni detractores.

Continuaba la vigilancia contra los leñeros no autorizados o dañadores; los que trasladaban mojones, especialmente si había manantial por medio, y los seculares matuteros en sus dos categorías: los que subían al monte de vez en vez, generalmente vecinos del Ayuntamiento propietario del predio, y los que hacían del matute una profesión o parte de ella. Los primeros cortaban árboles casi siempre latizos, para piezas de sus arados o de las ruedas de sus carros. Los arrastraban con una caballería, rara vez dos. Los segundos portaban carretas con las ruedas bien engrasadas, en marchas nocturnas, la mayor parte de las veces, acarreando todo lo que podía admitir su transporte.

Al principio, y al objeto de realizar estas vigilancias, la guardería se daba verdaderas palizas caminando, queriendo estar en todas partes. Después aprendió a esperar en las salidas naturales de las diversas zonas boscosas o en los meandros y pequeños embalses donde paraban los maderos, en aquellas provincias en que se hacia su transporte por los ríos, conducidos por los arriesgados equilibristas “gancheros.” Esta segunda forma de vigilar tuvo más éxito con mucho menos esfuerzo.

Cuando la Guardería se encontraba con hechos consumados, especialmente en el caso del pequeño matute, ejercían maravillosamente el “traking” o seguimiento de huellas, que habían practicado desde pequeños, buscando ganado propio o por otras razones. Fácil en los días muy lluviosos, llega a ser difícil en los secos. Claro, que los matuteros no tenían un pelo de tontos y elegían los días propicios, aunque, de pronto, podía cambiar el tiempo.

El conjunto de pueblos que además de sus montes tuviesen algún comunero, es en éste donde se hacían las fechorías por los vecinos de la comunidad.

Y al relataros estas cosas no me embarqué en la carabela de mi fantasía, sino que os cuento muchos sucesos en los que fui espectador, o conocedor directo.

Sangre. -Esta vigilancia continua, esta evitación de muchos daños y denuncias con el castigo consecuente, sabiendo los dañadores que había autoridad vigilante que no se andaba con bromas, costó a la Guardería odios, venganzas, anónimos, heridas serias y muertes. Un momento peligroso para ella, si estaba cerca del infractor, era el instante de la denuncia, pues para escribirla tenia que colgar su arma o apoyarla. Entonces con arma blanca o la misma hacha se perpetraba la agresión. La matutería quedó prácticamente acabada a finales de los años cincuenta. En el año 1941 desapareció un Guarda en Valsaín y tras dos días de búsqueda apareció su cadáver con la cabeza hendida por golpe de hacha, junto a un pino cortado y su arma apoyada en un tronco inmediato.

Pero si la matutería puede considerarse como un pasado, los incendios forestales han ido en aumento. Al principio sus causas eran accidentales y por excepción intencionales. Pero si se continúa en la marcha ascendente será totalmente al contrario. Su extinción ha costado quemaduras, heridas y muertes a la Guardería desde su comienzo.

Es significativo que los forestales que actúan en la extinción de los incendios, cuando éstos se prolongan no quieren ser reemplazados. El guarda o guardas del cuartel han de pasar muchas horas y más de una noche para que puedan irse a descansar. Y cuando tras el siniestro los daños son cuantiosos, se ve a esos guardas angustiados, dolidos y furiosos.

Nuestra Guardería ForestalOtros varios hechos contra la ley, de ganaderos y pastores, pescadores fraudulentos, cazadores ilegales (éstos son los más peligrosos al portar armas) y productores de vertidos contaminantes en los ríos, han causado disgustos, amenazas, falsas denuncias y heridas a los guardas forestales.

En 1962 en la provincia de Burgos y cerca de la “Virgen encumbrada de Orduña”, al estar echando a un grupo de pastores con sus ganados, el guarda del cuartel recibió una pedrada en la frente que le derribó sin sentido.

En el Valle de Mena, los años 66 y 68, dos guardas fueron apaleados, en cada uno de estos años, por pescadores fraudulentos. Y en el 74 (en Vizcaya) un guarda forestal al oír tiros por la noche cerca de la casa forestal, salió sorprendiendo a unos cazadores furtivos de liebres, que aprovechando la noche de luna cazaban allí. Le propinaron una gran paliza estando hospitalizado más de quince días y si no es por el ingeniero de la Brigada que, por sus trabajos, dormía en la casa y salió con un atizador de la chimenea en la mano, no sé lo que pudo haber ocurrido. Esto pone de manifiesto la peligrosidad que encierra el cumplimiento de su deber.

Conocimiento de “sus montes.” -La Guardería conoce perfectamente sus montes; no hay lugar internado ni cumbre saliente; vallejo hundido o explanada iluminada como panza de lagarto al sol; vereda pina ni arroyuelo plateado; badén del río o paso entre cortadas rocas; manantial tentador o junqueral donde los pies se hunden en días húmedos; chozo para refugio o cueva en oquedades pétreas; laderones interminables o collados filtrantes de vientos, que no sepan con la exactitud de un plano, con su toponimia, y desde cualquier sitio precisan el tiempo necesario para llegar a otro lugar cualquiera por el que se les pregunta.

A nuestros guardas les quemaron todos los soles, les calaron todas las lluvias y granizos, les convirtieron en albarizas todas las nieves y les curtieron todos los vientos; la rosa entera de los vientos con sus diversos significados locales a lo largo y a lo ancho de nuestra patria. Les percutió el viento del Este, Euro o Solano, con la alegría de traerle el sol; les azotó el del Oeste, Poniente o Céfiro, con la nostalgia del ocaso, les quemó el rostro y las manos el viento del Sur o Austro. Y el del Norte, Aquilón o Cierzo, junto con el Noroeste, Brisa o Mistral, les lanzaron heladas ráfagas que pasaron sobre sus cabezas, pero nunca sobre sus corazones. Y en cada caso, en cada sitio, en cada instante, saben dónde tienen que dirigirse con rapidez para resguardarse, si es preciso.

Y cuando, solicitado el permiso de traslado se les ha concedido, al saberlo, les he oído balbucir más de una vez, echando un vistazo a los parajes inmediatos, “mis montes...”, mientras yo pensaba “mi guarda....”

Nuestra Guardería ForestalHubo siempre una gran compenetración entre los diversos Cuerpos de la Administración Forestal. Recuerdo que operaron a un guarda de mi sección antigua, en Burgos. Retrasé mi salida al campo y al salir del quirófano el operario estuvimos sus familiares y yo esperando un rato que pasara la acción del cloroformo. Al fin le hablaron varias veces y balbuceaba palabras no muy coherentes. Me decidí con frases optimistas sobre su operación inmediata y le dije que si sabía quien era.

Abrió los ojos y me dijo: “Si, mi jefe”, y me tendió las manos, que yo recibí con emoción que no supe disimular.

Identificación con sus montes. “Sentir” sus montes; su entrega

Para mí lo más notable de estos hombres no es sólo su misión y su conocimiento del cuartel, verdadera palestra, sino su identificación con los montes, su sentir los montes profundamente. Sentir es entusiasmarse, querer. Y el que se entusiasma en su profesión da todo lo que es y se entrega. Y esto, en nuestro caso, no es un hecho sólo material, sino refinamiento del espíritu, sin darse cuenta ni suponerlo, al estar rodeados de tanta y tan extraordinaria belleza, ora pacífica, ora revuelta, de árboles y arbustos, de contrastes de color, de silencios, de ambientes purísimos en el aire y en las aguas. Aquella visión del bosque, como la de una orquesta sinfónica en orden de batalla sonora. Arriba, los agudos picachos; abajo, los graves valles y vallejos. La cuerda de sus divisorias, la madera de sus pies arbóreos y el metal de la percusión de los vientos, como trompetazos de contraste. ¡Toda una sinfonía de color! En la mayoría de las provincias hispanas el terreno es muy movido topográficamente y hay un acompañamiento monótono habitual en las largas marchas; valles, divisorias, valles, divisorias; bajar, subir, bajar, subir... De vez en vez, una llanada o valle amplio nos deleita. Desde él se observan mejor las elevadas cresterías rocosas como caireles de la erosión, sus escarpes, los grandes pináculos, como gigantescos molares, relojes de los siglos, esqueletos del mundo, que se interponen entre suelos y cielo. Amenazadores terribles, firmes ante el embate de los vientos, como cíclopes avizorantes desde sus atalayas... Aquellos vallejos estrechos, encajados, boscosos, olvidados de su paz, invitadores de descanso y de meditación. Aquellas cascadas luminosas producidas por el sol entre la enramada, como lluvias de luz filtradas por la hojarasca, que bÿÿan los protegidos suelos; de aquella delicia de viento fresco o gris entre la fronda, durante el estío caluroso. Aquella brisa primaveral, que balancea las hojas nuevas de los árboles para que presuman de sus nacientes colores y hacen descansar nuestros ojos en tina gama de verdes relajantes. De aquel movimiento brusco de ramas y ramillas con vuelos de ligeros elementos sueltos empujados por el viento. Y entre rama y rama, móviles ¡trozos de cielo! Aquel centelleo de miles de gotitas de agua convertidas en brillantes por el fuego solar, tras un rocío madrugador, que desaparecen si el sol se oculta. De aquellas capas albas en los inviernos, cuando los árboles no pueden soportar más peso de nieve helada, tan majestuosos que si les incide la fuerte luz nos ciegan sus resplandores. Aquel envolvente de niebla espesa que todo lo oculta y hay que avanzar poco a poco para descubrir pequeños sitios admirables, haciéndonos vivir la fantasía de que estamos atravesando un maravilloso palacio oriental deshabitado y hemos de ir descorriendo cortina tras cortina para admirar la belleza de sus estancias. Desde los altozanos, oteros o cumbres, se lanza la pupila por encima de las cimeras guías arbóreas, sobre los hondos valles de allá abajo. ¡Parece increíble hasta dónde llega la vista!, incidiendo en los verdes esmeralda de los prados, la gama de colores calientes de los poblados, el oro o verde claro de los cereales y, a un lado, otras laderas boscosas, más gama verdeocre de sus pies arbóreos que son los candelabros de aquel inmenso altar cubierto por la bóveda que forma el firmamento.

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