Noticias sobre los Agentes Forestales y Medio Ambientales en España

El bucle del desconocimiento de una profesión

  • Imprimir

El bucle del desconocimiento de una profesiónEl Secretario General de la Unión General de Trabajadores, Pepe Álvarez Suárez, en una visita a Brigadas Forestales en la provincia de Toledo, tuvo una amplia intervención que pretendía, suponemos, ser de apoyo a los bomberos forestales y resultó ser una intromisión en otra profesión, la de Agente Forestal o Medioambiental.

La intrusión es evidente porque demuestra, con sus declaraciones, desconocer absolutamente qué es un Agente Forestal, su naturaleza jurídica, su desempeño policial y sus más básicas funciones.

No estamos ante un hecho aislado y menos aún ante personas con cargos de gestión y representación importantes que lo desconocen todo acerca de nuestra profesión. Podríamos incidir sobre esta declaración puntual, podríamos convenir que el atrevimiento del desconocimiento no tiene fin pero, siendo este un caso más, interesa generalizar el asunto y observar como la situación profesional de los Agentes Forestales ha variado escasamente en los últimos años.

La Asociación Española de Agentes Forestales y Medioambientales ha hecho un buen esfuerzo estos últimos cuatro años por modificar una situación que es la base de nuestras desgracias profesionales. De hecho, nos situamos ante los cuatro años más tranquilos en cuanto a ataques normativos que se recuerdan. El ejercicio y la labor realizada por AEAFMA en el Ministerio del Interior, su reclamación constante en el Congreso, la presentación de un Borrador de Ley Básica, sustentando por En Comú Podem, han servido al menos para que aquellos que invariablemente buscaban su desarrollo corporativo a través de la rebaja del nuestro hayan tenido que dedicarse a parar las iniciativas de AEAFMA sin poder presentar las suyas.

AEAFMA, sin embargo, ha caminado absolutamente sola, ha transitado este camino de desarrollo y reconocimiento profesional con zancadillas y barreras propuestas desde todos los frentes, incluso en ocasiones, desde los propios. No existe una única visión profesional en un colectivo con demasiados intereses sindicales y personales, con demasiados gustos, con demasiados sesgos.

No existe, además, una profesión claramente tasada a nivel estatal, ni regulada jurídicamente de forma tajante en muchas Comunidades. No existe interés en soltar la gestión de los Agentes Forestales por aquellos que mantienen la gestión medioambiental aunque en muchos casos ni gestionen una ni otra adecuadamente. No existe, incluso, interés en buena parte del colectivo por modificar un patrón de servicio al que la costumbre ha domesticado en beneficio propio y del que se prefiere no salir en búsqueda de aventura alguna.

Con estas premisas, difícilmente puede organizarse de forma común algo que pretende incluir términos y situaciones jurídicas de importancia, una profesión que implica un planteamiento nuevo de la seguridad medioambiental, aunque sea necesario. Con estos antecedentes es muy complicado luchar contra un orden establecido tan arraigado en un caso y tan poderoso en el otro como aquellos que comparten nuestras competencias, técnicas o policiales.

Ni siquiera allí donde ya existe independencia administrativa es fácil desarrollar la profesión porque los tics son los mismos y porque los intereses profesionales sucumben una y otra vez a los personales. El premio personal es siempre sencillo de otorgar y se busca como moneda de cambio cuando el profesional tiene difícil solución.

El bucle del desconocimiento de una profesiónEscuchar al Secretario General de la UGT ejemplifica el porqué de nuestro escaso o nulo avance. Y lo hace porque, se supone o entiende, no existe animadversión de cargo tan importante hacia nuestra profesión.

El medio ambiente pulula en los últimos cuarenta años en la sociedad entre las cuestiones de mayor trascendencia. Si bien existe como concepto de importancia en la conciencia social también lo es que el desarrollo económico que se ha venido produciendo ha encontrado, en ocasiones en ese mismo medio ambiente, un enemigo sobre el que abalanzarse. Del choque se ha suscitado una vasta legislación medioambiental, sin que sepamos aún quien gana, y un entramado público y privado en torno a ese medio ambiente que ha crecido enormemente, que se ha mezclado como la mejor aleación y que genera una gestión irreconocible, de difícil comprensión.

La profesión Agente Forestal ha visto el protagonismo del medio ambiente y ha observado el desarrollo cercano de corporaciones y corporativismos ávidos de crecimiento. Sin embargo, salvo escasas excepciones no ha sabido utilizarlo, ni se ha puesto en cabeza de su defensa. Parecía lógico pensar que el avance del medio ambiente tendría una consecuencia lógica en el desarrollo de Cuerpos policiales en aquellas Administraciones con competencias transferidas, más aún si estas ya disponían de medios personales avezados. No ha sido así. Son tantos los intereses que ni siquiera la razón o el sentido común sirven. Únicamente se consigue algo cuando a esa razón se le une el interés propio y la lucha corporativa.

Hace ya casi cuatro años, AEAFMA recibió la noticia de que un partido político pretendía plantear una Proposición en el Congreso para establecer la categoría profesional del Bombero Forestal Profesional a través de una Ley. Situación más que merecida y necesaria pero que pecaba en aquel momento de numerosos errores de concepto que implicaban a otra profesión ya admitida hace muchísimos años, la de Agente Forestal.

El caos jurídico que se pretendía organizar de forma bienintencionada pero con el mayor de los desconocimientos era enorme. Ahí están los hechos. Se resolvió el acertijo y se acertó a entender qué era la profesión Agente Forestal. Hoy muchos siguen en el error y los más de ellos lo practican ya intencionadamente. Se trata, a veces, de igualar por lo bajo, sin menosprecio alguno para nadie. Se trata de eliminar de la ecuación al Agente Forestal y transformarlo en lo que no es pero en lo que interesa.

El Borrador de Ley que AEAFMA presentó a todos los partidos políticos del Congreso cuajó en la cabeza de un diputado y su trabajo constituyó, hasta la fecha, el mayor progreso jurídico a nivel estatal conseguido tras la entrada en la Ley de Montes de nuestras potestades jurídicas más elementales. Sin embargo, de inmediato, aparecieron los recelos y estos se transformaron en problemas.

La política, el sindicalismo no profesional, los corporativismos administrativos; el negocio, el desarrollo de corporaciones que precisan del empuje de la Administración medioambiental o de seguridad medioambiental, influyen sobre manera en nuestro futuro. Pero siempre con una máxima a aplicar, lo primero que miran es por su propio futuro. Antes que el interés común, que el interés por el medio ambiente, por su cuidado, vigilancia, inspección y policía, está el interés de cada partido político, de cada sindicato, de cada corporativismo administrativo, de cada empresa, de cada ONG. Poco les importa equivocarse o desconocer lo que somos. Les da igual nuestra profesión o incluso les estorba.

Y ESO ES LO QUE AÚN, NOSOTROS, LOS AGENTES FORESTALES NO HEMOS COMPRENDIDO. NI PARA APLICÁRNOSLO A NOSOTROS MISMOS.

AddThis Social Bookmark Button